
Una Ventana, Un Niño, y los Papeles que Bloquearon la Luz
Mateo era un niño como muchos otros — y eso, precisamente, es lo que hace importante su historia. Lo que más le gustaba era sentarse junto a la ventana de su habitación, soñando con los ojos bien abiertos. Su ventana era un marco mágico para el mundo exterior.
Pero Mateo vivía en un mundo muy rápido. Cada vez que algo le preocupaba, un pequeño trozo de papel aparecía en su mente. Y cada papel se arrugaba solo en una bolita apretada. Lentamente, los papeles se arrastraron por el piso, subieron por las paredes, y cubrieron su ventana. La luz comenzó a desvanecerse.
Pero muy dentro de él, en un lugar que la oscuridad aún no había tocado, una pequeña chispa aún permanecía brillando. Solo había estado esperando, pacientemente, su turno. Y habló — no con un grito, sino con una certeza:
"Es mi turno."

















